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Siempre me han fascinado las mariposas, en especial, la llamada Monarca.

Es un insecto único en su especie, de gran belleza y absolutamente fascinante.

Para explicar un poco la maravilla de este hermoso bicho, basta con decir que tras su aparente fragilidad, tienen una gran resistencia y suelen vivir hasta doce veces más que otros tipos de mariposas: hasta nueve meses, a diferencia de los 24 días de las mariposas comunes (es como si tu o yo vivieramos más de 500 años!)

Lo que más impresiona de ellas es el asombroso viaje que realizan cada año desde Canadá hasta México, en donde encuentran las condiciones climáticas favorables para madurar y aparearse.

Si, cada quinta generación de esas pequeñas y aparentemente delicadas criaturas recorren más de 4.000 kilómetros, desde Los Grandes Lagos hasta los bosques templados del Estado de Michoacán, en los santuarios protegidos. Es como si nuestro tataratataranieto hiciera dos viajes y medio desde la Tierra al Sol. ¿Impresionante, no?

No se sabe muy bien cómo se orientan, ellas sólo tienen claro que tienen un sitio a donde llegar.

La Mariposa Monarca en su esplendor

La Mariposa Monarca en su esplendor

La mariposa monarca pasa por diferentes estaciones durante su viaje, pero tienen un alto poder de adaptación a las diferencias climáticas y geográficas.

Pasan el invierno en los bosques mexicanos y en marzo, una vez que han alcanzado su madurez y reciben los primeros rayos del sol primaveral, se aparean. Una vez fertilizadas, emprenden el vuelo de regreso al norte. Es decir, su viaje es de ida y vuelta.

Las mariposas mueren cuando nacen sus hijas, pero esta quinta generación nace para ser viajera y no aparearse hasta que haya cumplido este impresionante recorrido. Una vez que han sido fertilizadas, vuelan de regreso y en el norte de México y el sur de Estados Unidos, principalmente en Texas, tendrán a sus hijas, quienes continuaran el viaje hasta casa, en Canadá.

Además de ser considerada como un ser mágico en mi país, por llegar en las fechas en que según la tradición de Día de Muertos, llegan también las almas de los santos difuntos.

¿Ahora entienden por qué me fascina tanto esta maravilla?

Van a México una vez por año, son viajeras, no les asustan los cambios, son recibidas con fiestas, las esperan en dos sitios, y siempre saben a dónde van, aunque no tengan claro cómo llegar. No sé, me recuerdan a alguien ;-).

Simplemente me encantan.